Acero capítulo III
"Insiste en rebelarse" dice una canción
Antes de dar paso al capítulo de este mes, quiero agradecer a toda la gente que lee mi Substack e interactúa dejando comentarios y/o likes.
Estoy muy contento y agradecido por eso, aunque lo diga poco.
También quiero contarles que me gustaría suscribirme a más perfiles, pero de momento no quiero sumar más lecturas, no me gusta no llegar a leer todo. En estos meses he leído cosas muy buenas en esta plataforma.
A muchos perfiles los sigo y leo sus textos, sobre todo ficción que es lo que más me interesa, pero no estoy suscrito todavía.
El mes pasado por chat compartí un enlace a un pequeño fanzine que editamos con un grupo de compañeres del taller de narrativa marplatense. Como se sumó más gente este mes (y se fueron otros.. pero eso da igual) les dejo este enlace a una carpeta drive para que puedan descargar gratis una copia del fanzine digital Crónicas del Espacio y Colonia de Verano que anteriormente se editó en físico por mis queridos La bola Editora, parte de la librería el Gran Pez en Mar del Plata, ambos en formato EPUB.
Estoy muy a favor de la piratería así que pueden compartir, piratear, reenviar el enlace a quien quieran.
Link a la carpeta Drive (cliquea en el texto para abrir la carpeta y descargar)
Para leer en Android: Suelo utilizar Eboox en este sistema operativo. No incluye publicidad invasiva y tiene opciones bastante buenas para la lectura.
Para leer en IOS: En IPhone o IPad suele ir muy bien la aplicación nativa Libros. No da problemas.
Si alguien quiere colaborar puede comprar el fanzine en este enlace de Amazon.
Por último, si alguien tiene problemas o necesita ayuda con los archivos, me puede escribir y les ayudo sin problemas.
Ahora sí, como cada mes, un capítulo de Acero:
No fue fácil: usé tácticas, argumentos y promesas. Al final, logré que nos dejaran ir al recital de Carajo. Después de cenar, nos preparamos para salir. Caminamos dos cuadras apenas asfaltadas, llenas de pozos y llegamos a la estación. Un edificio avejentado y con olor a pis en los rincones. El tren no tardó más de diez minutos en llegar. En el vagón nos esperaba una gran cantidad de adolescentes con remeras negras estampadas con todo tipo de dibujos de bandas, gastadas y transpiradas por el calor agobiante y el hacinamiento de la gente. Algunas ventanas iban abiertas, pero otras no, estaban rotas.
Las bandas más destacadas entre los pasajeros: Carajo, A.N.I.M.A.L, Hermética, Cabezones. Algunos más arriesgados llevaban remeras de Babasónicos, Turf o Juana la Loca. En cuanto a gusto internacional, había bandas como Iron Maiden, Metallica, Nirvana, Korn y hasta Deftones. El público musical se mezclaba entre camisetas de fútbol, gente de traje y los que parecían volver del shopping o de hacer las compras en algún supermercado.
Al fondo del vagón, un veinteañero que llevaba puesta la camiseta de Nueva Chicago cantaba una cumbia a los gritos: “Mentirosa, mentirosa, no vuelvas más aquí, nunca más, a mis brazos”. Una prenda terriblemente funcional. En cualquier situación: de camino a la cancha, de paseo con la familia por el centro de Temperley o haciendo la fila para trámites en un banco; o incluso en la iglesia en un bautismo, van a llevar la misma camiseta gastada de su amado club.
—Viste que los fanáticos del fútbol siempre tienen puesta la camiseta y no se la cambian nunca. Se pueden cambiar los pantalones, las zapatillas, pero la camiseta nunca — le susurré a Mayra.
—Son unos villeros, escuchando música y gritando así de fuerte. ¡Me dan asco!
Resoplé. Quería discutir, pero a la vez, no quería que una discusión opacara la noche. Lo dejé estar. Continuamos en silencio hasta que Mayra se levantó y me indicó que bajábamos en la próxima parada.
Caminábamos apresurados por las calles de Monte Grande, no porque fuéramos justos de tiempo, sino para poder tomar unas birras antes. Mayra ya conocía el barrio, que era muy parecido a otros barrios del conurbano. Esa hilera de edificios con locales uno al lado del otro repleta de gente haciendo cosas de su vida cotidiana.
Fuimos a un supermercado chino que vendía la cerveza fría al mismo precio que la sin enfriar. Algo bastante difícil de encontrar según lo que me comentó Mayra. Compramos dos botellas y nos alejamos un poco para sentarnos sobre el cordón de la vereda. No teníamos destapador, así que busqué un borde afilado donde hacer presión. Me apoyé en una reja que cubría un ventanal. Presioné las muescas de la tapa sobre el metal y, de un golpe seco, abrí la botella.
Charlamos, nos reímos con anécdotas de la familia, de nuestros amigos, historias de la escuela, sobre todo de las que eran peores, como midiendo quien había sido capaz de hacer que cosa o conseguir una amonestación muy importante por una cagada muy grande y hablamos sobre música otra vez.
—El primer disco de A.N.I.M.A.L es tremendo, pero después… qué sé yo —dijo Mayra y se secó la cerveza del labio inferior.
—En el disco Poder Latino, hay una versión de los Ramones que me parece fenomenal. Ese disco me gusta bastante.
—Sí, la canta el Corbata, por eso me gusta, pero los Ramones no me gustan tanto. Parece todo igual.
Me llevé las manos a la cabeza.
—Qué decís, ¿no te gustan los Ramones? Estás loca nena.
—Como no entiendo lo que dicen, me da fiaca escucharlos. Ya fue…
—¿Entonces no escuchás música en inglés?
—Muy poca. Prefiero la de acá y entender las letras. No sabés si te están insultando o diciendo que sos un boludo y uno lo canta.
—Eso lo dice mi abuela, y es una boludez. Te perdés muchas cosas geniales. ¿Te das cuenta de que pensás igual que una señora de setenta años?
—Sí, ya sé. Que horror, jaja. Pero qué sé yo. No entiendo y ya fue…
Mayra terminaba la mayoría de sus frases de la misma manera.
—Creo que mi banda preferida de Argentina ahora es Massacre —le dije.
—Yo no lo soporto mucho al cantante, creo se llama Wallas, ¿no?
—Lo adoro al gordo. Tiene una voz muy buena y en escena es una bestia con las cosas que dice, el acting, sus muñecas y las máscaras que usa.
—Bueh. ¿Cuántas boludeces va a llevar al show? Dejate de joder…jaja. Abrí la otra cerveza, dale.
Mientras se reía, me sacaba la lengua.
Volvimos al supermercado a devolver los envases y fuimos para el teatro. La sala era bastante grande. Era un galpón gigante con una acústica horrenda que retumbaba por todas partes. Al fondo, se veía el escenario con una bandera gigante que descendía desde el techo con las letras en color rojo sangre. A la izquierda, al costado de los baños, había una mesa con el merch de la banda. Camisetas negras colgadas con las portadas de los discos de Carajo o impresiones a color de los integrantes. También había CDs de músicos amigos. Algo muy recurrente en el under argentino: difundir y ayudar a los otros músicos a vender su música. Hazlo tú mismo al alcance de la mano.
Al principio del show me quedé a un costado. Con las primeras canciones me fui soltando. Cuando sonaron los hits más populares, los únicos que conocía, me sumergí entre los cuerpos transpirados. Las cabezas se agitaban, las rastas me golpeaban la cara al ritmo de la batería, las chicas empujaban y pateaban con sus borcegos de plataforma alta. Alguien me agarró de la cintura para elevarme en un mosh y caí sobre la multitud de brazos, navegando hasta el escenario. El viaje había valido la pena. Esas últimas dos horas de música lo confirmaban.
Caminábamos de regreso y los oídos aún me zumbaban. Mayra utilizó un teléfono público para llamar a su papá y le avisó que nos íbamos a la disco. Al principio le dijeron que no, pero rogó tanto y juró que iba a estudiar sin parar que, al final, aceptaron. Después, volvió a descolgar el teléfono y llamó a otro número. Escuché que preguntaba por Patricio. Le decían que había salido y que había dejado dicho que la esperaba en la puerta de la disco. Cortó y me dijo: —Tomemos el tren que va para Temperley. Patricio dijo que me espera en Acero. Mayra, no me preguntó si quería ir o qué quería hacer. Caminamos hasta la estación sin saber la noche que me esperaba.
Nos leemos el mes que viene para el capítulo IV y llegar a la mitad de la historia de este joven intrépido.
La obra de la portada es Bacchus #62 de la artista Elaine de Kooning.

