Acero Capítulo IV
Temperley
Hola. Llegamos a la mitad de la historia y de a poco el clima se pondrá más denso en esta historia de música, personajes perturbados y oscuridad.
Tomamos el último tren que salía para Temperley. Estaba bastante lleno de gente. Había metaleros, chetos que iban a las discos más caras y olían a perfume importado, punks, emos y muchos que venían de una bailanta matiné muy conocida en Monte Grande. Nos sentamos de espaldas al sentido de la marcha. Podíamos ver todo el vagón.
En la siguiente parada subieron tres chicos, uno de ellos llevaba una bolsa de pegamento y lo inhalaba sin parar, tendría unos nueve años. Otro, llevaba pantalones kappa y un abrigo polar. Miraba fijo a todos los pasajeros. No pestañeaba. Si cruzaba la mirada con alguien, le decía: —¿Qué?, ¿qué mirá gato, puto? y se reía. Le faltaban algunos dientes. Sin embargo, el más pequeño era el más imponente de los tres. Parecía de unos cinco años. Estaba descalzo, con los pantalones muy sucios y rotos. Aunque hacía frío, sólo tenía puesta una camiseta de un club que no reconocí, toda rota y manchada. La gente se tapaba la nariz por el olor que tenía. Se colgó de un pasamanos y se sacudía de forma pendular simulando patear en la cara a los pasajeros cercanos. Mientras se reía pude ver que le faltaban las dos paletas. Se le formaba un agujero negro entre los dientes sucios y manchados. Su risa era infantil y aguda.
En la estación de Turdera, una mujer subió y comenzó a increpar a uno que venía de la bailanta. Le gritaba que él era un policía encubierto, que la había hecho sacar del baile. La culpaba de vender droga adentro. El chico, sentado y tranquilo, le repetía:
—No te conozco. Estás re loca, mamita. Rajá de acá, boluda de mierda.
La discusión cada vez subía de tono, hasta que el tipo se levantó de su asiento e hizo el ademán de pegarle. Todo el vagón lo repudió a gritos: —¿Le vas a pegar a la piba, gil?, —¡qué ni se te ocurra!, —llamen a la policía, ¡por favor!
Alguien, por lo bajo, dijo: —¿Para qué?, supuestamente este tipo es policía; otro le contestó: —Pero qué mierda va a ser policía este con esa cara de pelotudo que tiene. El nene miraba todo colgado del pasamanos. Se descolgó y se les acercó.
—¿Le vas a pegar a la piba? ¡Gorra puto!
—No te metás, pendejito de mierda.
—Cagón, cagón de mierda. Pegame, ¡cagón! —gritó la mujer.
Mientras lo señalaba con el dedo índice en el pecho.
—Piba, pegale vos en la cara —dijo el nene y ella le hizo caso.
—Pegale otra vez, pero más fuerte.
El chico logró atajar el golpe con el brazo, pero el nene lo amenazó:
—Si la tocás te corto la tripa. ¡Rati puto!
Le puso una navaja en el pecho. El chico se quedó en el lugar congelado sin saber qué hacer.
¡Click!
La luz desapareció de pronto en todo el tren. El vagón se quedó en plena oscuridad y frenó de a poco por la falta de energía. Aunque estábamos en el medio de la ciudad, alrededor nuestro estaba todo negro. Con Mayra tratábamos de encontrarnos con las manos, mientras la gente buscaba algo para iluminar en medio del caos. No podían verse ni las casas aledañas a las vías ni el mínimo rastro de vida fuera de las ventanas.
La luz volvió después de un minuto. En el suelo estaba tirado el policía con una puñalada en el costado. Jadeaba y movía la boca, pero no se lo escuchaba hablar. El nene sucio y sus amigos no estaban en el vagón y la gente estaba paralizada. Un grupo decidió correr y avisar a los maquinistas para conseguir una ambulancia. Otro, recorría los vagones en búsqueda del nene. La mujer que había golpeado al policía lloraba arrodillada llena de mocos.
Al cabo de un cuarto de hora, llegó la ambulancia y un patrullero. Esperamos al costado del tren mientras trasladaban al herido, luego nos tomaron declaración y se fueron con la mujer detenida.
Perdimos casi dos horas y no había más trenes hasta el otro día. No nos quedó otra alternativa que ir caminando. Nos ayudó a despejarnos y discutir sobre lo que habíamos vivido. Nos permitimos hacer un poco de humor negro sobre el policía, el nene y los cachetazos de la mujer.
Sin saber que eso no era una buena idea…
Nos leemos el mes que viene para el capítulo V, conocer como sigue la noche y nuevos personajes.
La obra de la portada es Mountains and Sea de la querida artista abstracta Helen Frankenthaler.

