Dekadencia
No militen el silencio.
Escuché un poema previo a la canción Spirito del 77, del disco Toda niño sensible sabrá de lo que estamos hablando, antes de conocer a Gerardo.
Canté a todo pulmón Dekadencia G, canción que abre el disco Uno de Mal del Parkinson, antes de conocer a Gerardo.
Leí en un fanzine un texto de Dekadencia Humana sobre anarquía y vegetarianismo, sin conocer ni saber que Gerardo era de Mar del Plata. Una ciudad hostil en la que vivíamos ambos. Eran épocas en las que ir a ver un show punk, a veces, podía terminar en un caos total. Quizás no tenga sentido aclarar algo sobre esta ciudad: todas son hostiles de alguna manera.
Hace unas semanas me enteré de que Gerardo ya no está más por acá. Me dolió un poco haber perdido ese tiempo sin conocerlo más allá de la casualidad.
Allá por los años dos mil, gracias a un intento fallido de armar una banda punk-glam con varias amigas, lo conocí. En la banda iba a tocar los teclados su hermana. Ella me lo presentó. Un día que quedamos en repasar algunas canciones, al llegar a su casa, él estaba en un sillón, debajo de esa maraña de dreadlocks escuchando una banda que sonaba horrible y tremenda a la vez. Creo que me dijo que eran unos punks italianos. Luego de eso, como nos cruzábamos mucho en recitales, empezamos a hablar más seguido.
Podría decir que era de esos punk que te enseñaban sobre la autogestión con el hacer, con el caminar, con la conciencia en cada actividad y con una energía inagotable. Con una felicidad y una seriedad necesarias. Añoro esas charlas nocturnas larguísimas en bares de mala muerte o en la biblioteca Juventud Moderna.
Los encuentros siempre fueron furtivos e improvisados. Con las ideas dando vueltas y la música de fondo. En trastiendas de recitales, en ferias de fanzines y en medio de la calle por la madrugada.
La última vez que lo vi, en el Club Tri, le dije que me iba de Argentina. Me dio un abrazo fuerte, me deseó suerte y nos reímos por última vez.
El año pasado, en marzo, escribí un cuento de terror relacionado con ese proceso oscuro y violento de Argentina. Dejo el enlace por si quieren leerlo o releerlo.
Este año, a modo de recuerdo, quería traer ese poema de Dekadencia G que me emocionó y que me conmueve aún hoy.
Gerardo, quizás para mí, fue el último héroe anónimo punk de una ciudad sumergida en las costas del atlántico:
Ignoramos la vida, ignoramos la muerte,
lo que podemos ser y lograr hacer.
Divagamos entre sueños, frustraciones,
algunos cayendo con las armas que nos impone el sistema,
festejando la gran danza de los perdedores, día tras día,
ignorando conscientemente nuestra vida y muerte,
ignorando lo maravillosa que es la vida.
Me rehúso a pensar que los prejuicios, las divisiones, el odio y la violencia
acapararon nuestros corazones, destruyendo nuestra rebeldía,
nuestra actitud,
nuestra amistad,
nuestros sueños,
nuestro amor real.
Me niego a pensar que hemos sido derrotados,
que las vidas secuestradas, torturadas y asesinadas
por los estados terroristas, de este vapuleado planeta tierra, fueron en vano.
La libertad que hoy gozamos no surgió de la nada.
Por favor no la pisotees.
Pese a que muchos amigos,
compañeros ya no están, sigo de pie, seguimos de pie, seguiremos por siempre de pie.
Por amor... ¡seguiremos!
Gerardo Dekadencia - Extraído del disco Toda niño sensible sabrá de lo que estamos hablando - Fun People
No militen el silencio, decía y por eso la palabra y la memoria colectiva es la mejor arma para no cometer los mismos errores de una trágica oscuridad histórica.
Notas finales
Para el mes de abril tengo pensado publicar el primer capítulo de un cuento bastante largo que escribí hace un tiempo. La idea es publicar un capítulo por mes para que la lectura no sea tan pesada y terminar en diciembre, ya que son nueve capítulos. Espero que les guste la idea tanto como a mí. Es un experimento literario. ¡Ya veremos cómo sale!
Por otro lado, si no leyeron La culpa la tuvo el Chimichanga (texto publicado en mi sección Textos Random, pueden cliquear en el nombre y acceder para sumar otra lectura tragicómica más este mes)
Como siempre, muchas gracias por sacar tiempo (de ese que hoy en día no abunda en nuestra rutina) para leerme. ¡Nos leemos el mes que viene!


