Selección Micros
Seis nuevos microrrelatos
Con la llegada de 2026 decidí reescribir algunos microrrelatos que tenía juntando polvo y aprovechar la publicación para escribir otros nuevos.
Los microrrelatos son un desafío para mí: decir mucho en pocas palabras es una tarea complicadísima.
Escribir, reescribir, quitar palabras y volver a escribir, siempre con el riesgo de que todo se desmorone.
No sé si lo conseguí, pero acá van estos seis microrrelatos, atravesados por el terror, la ciencia ficción y lo cotidiano.
La obra que acompaña al post es de la artista Helen Frankenthaler ❤️
Universal
En la casa de mi mamá hay un cuadro abstracto.
Contiene todo el universo que conocemos.
Ella no lo sabe.
Si se rompe, todo colapsa.
El pintor que me lo regaló lo confirmó: rompió una pintura de su propia familia.
Lo que puede soportar un clavo en la pared.
Es todo lo que valemos.
Veo Veo
Una mujer me miró de arriba a abajo.
Un hombre canoso se dio vuelta y nos observó con disimulo.
Más allá, otro joven se detuvo a mirar a una mujer que rondaba los cincuenta.
Un pelirrojo con un bolso adidas pasó muy cerca de esta.
La mujer cayó al suelo y se agitó.
De su boca salió un líquido blanco y espeso.
La chicharra sonó de golpe.
Todos quedamos en cuclillas, con las manos sobre los oídos.
Cuando el sonido terminó, un hombre de traje se acomodó las gafas.
Observó a una chica que pasaba en bicicleta.
Ella sonreía mientras miraba a otro hombre que paseaba a su perro.
El perro, inmóvil, te miraba a vos.
El juego había comenzado otra vez.
Sin guerra mediante
Abrió los ojos.
Tragó saliva.
Por las tardes, el chico estaba solo.
Lo encontró jugando con una pelota en la vereda.
El nene levantó la vista y sonrió.
Entonces sacó el revólver y, sin dudar, le disparó en la cabeza.
Mientras la sangre manchaba la calle, dijo:
—Mierda, qué bolud…
Allí ya no había nadie.
Sólo un niño muerto sobre un charco de sangre.
Su abuela nunca viajaría desde A Coruña a La Pampa húmeda.
Post Mortem Exposition
Quiere ser más artista que famoso.
Salta al vacío con los bolsillos llenos de acuarelas.
Su cuerpo estalla contra el asfalto.
Pictóricamente es tan hermoso que podría colgarse en una sala.
La exposición vende todos los cuadros.
Monstruo
Dormir con la luz prendida no ayuda.
El monstruo que está debajo de mi cama no le teme ni a la oscuridad ni a la luz cuando viene por mí.
Podría ver si le teme a salir en las noticias.
O al qué dirán.
Asvets
Acomodó la almohada mientras ella miraba el celular. Entrecerró los ojos y, aunque la luz del aparato le molestaba, se durmió. Ella lo despertó con una carcajada. Él le preguntó qué pasaba y ella le dijo que estaba pegando patadas a la nada. Es que sentí que me caía. Ella dijo que a veces también le pasaba. ¿Se habrá muerto gente así? le preguntó, y ella le dijo que sí, porque la gente se muere de mil maneras. Ella tenía intención de charlar, pero él comenzó a quedarse dormido de nuevo.
Su cuerpo dio otro respingo en la cama. Ella sonrió. Esta vez él no se despertó. Caía por un túnel negro y frío, que se achicaba cada vez más. Las paredes estaban cada vez más cerca: gastadas, mohosas, descascaradas, como una mezcla de tierra, mugre, piedra y un metal brilloso y poroso.
Intentó moverse, pero no pudo. Se repetía una y otra vez que era un sueño, como las otras veces, sin embargo, seguía cayendo.
“Esta noche vas a caer,
no vas a agarrarte aunque quieras,
vas a caer,
vas a caer,
vas a caer”
Asvets - Doris
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